por Crypt Vihâra

Durante mucho tiempo Octave Mari Henri Mirbeau ha pasado casi desapercibido a los ojos de los lectores contemporáneos y solo desde hace algunos años se ha producido un retorno del interés por su obra. En Francia se han editado recientemente algunos de los títulos más interesantes de ella. Curiosamente, han sido las pequeñas casa editoriales, las que han iniciado esta intermitente cascada de publicaciones, lo que indudablemente hubiera complacido a Octave Mari Henri Mirbeau, más cercano siempre a los humildes que a los poderosos. Panfletario, individualista, hiperbólicamente extremista, el estado natural de Octave Mari Henri Mirbeau es el paroxismo. Podemos elegir al joven y entusiasta admirador de los hermanos Goncourt (Edmond Luis Antoine y Jules Alfred Huot de Goncourt / 1822-1896 / 1830-1870), al firme sostenedor de las posturas de Émile Édouard Charles Antoine Zola (1840-1902), al intuitivo y apasionado valedor de los impresionistas, al audaz y extenuado fustigador de las taras y la corrupción que veía en la burguesía a la que sin embargo pertenecía, o incluso al autor olvidado por la inmediata posteridad.

Octave Enrique Marie MirbeauOctave Mari Henri Mirbeau nació en Trévières (Calvados, Normandía / Francia) el 16 de febrero de 1850 y murió en París el 15 de febrero de 1917. Su padre, medico, aunque no doctor en medicina, había contraído matrimonio con la hija del notario de Trevières. Además de Octave Mari Henri, los esposos tuvieron dos hijas, Marie, nacida en 1846 y Bherte, que vino al mundo en 1850 en Remalard, en el Orne, cuna de los Mirbeau a la que había regresado la familia en 1849, un año después del nacimiento de Octave Mari Henri Mirbeau. Dicho nacimiento coincidió con la proclamación de la II República, de la que en diciembre seria nombrado presidente el príncipe Charles Louis Napoléon Bonaparte (1808-1873), el futuro Napoleón III. Fue educado en un colegio de jesuitas en Vannes, y los días pasados allí, que as su espíritu indisciplinado le parecieron abominables dieron origen a una de sus novelas "Sebastien Roch" (1890) que es una verdadera autobiografía.

Fuera ya del colegio de Vannes, obtiene el titulo de bachiller y marcha a París donde se matricula en la facultad de Derecho. Nunca concluiría tal carrera. Empieza para el un periodo de su vida, disipado y orgiástico. Inicia su amistad con los hermanos Goncourt y les comenta, según refiere Edmond Luis Antoine Huot de Goncourt en su "Diario" que en su afición a las drogas ha llegado a fumar opio durante cuatro meses ininterrumpidos y en tal cantidad que el autor expresa su escepticismo sobre que ello sea posible.

Al iniciarse la guerra contra Prusia en 1870, Octave Mari Henri Mirbeau se alista como teniente de movilizados en el ejercito del Loire. Al caer herido y no poder incorporarse a su batallón se le acusa de desertor. Sufrirá mucho a causa de ello y quizás eso explique, en parte, su antimilitarismo a partir de aquel momento.

En 1872 debutó en el periódico bonapartista L'Ordre, escribiendo artículos literarios y de crítica. Gracias al "Diario" de Edmond Luis Antoine Huot de Goncourt conocemos la existencia de una pasión amorosa contrariada que incitara a Octave Mari Henri Mirbeau a refugiar su corazón, dolorido por las múltiples traiciones de su amante, en las costas de Bretaña, donde pasara mas de un año como patrón de una embarcación pesquera. En 1877 le nombran subprefecto de Saint-Girons; pero asqueado de la política abandonó el cargo al poco tiempo, para dedicarse a la literatura, escribiendo en los principales periódicos artículos en defensa de la nueva escuela pictórica y escultórica personificada en Claude Monet (1840-1926), Hilarie Germain Edgar Degas (1834-1917) y Auguste René François Rodin (1840-1917). En 1882 tuvo que salir de la redacción de Le Figaro por su célebre folleto "Le comédien" que durante muchas semanas ocupó la atención del mundo teatral. Al año siguiente fundo con Paul Ernest Hervieu (1857-1915), y otros la revista semanal Les Grimaces, en donde se atacaba despiadadamente a las falsas reputaciones y a las ridiculeces y vicios de aquella sociedad; revista que, como es natural, solo duro unos meses y le produjo unos cuantos desafíos. Para dar idea del carácter de dicha revista bastará citar el primer articulo publicado en ella por Octave Mari Henri Mirbeau titulado "Oda al cólera" en el cual daba la bienvenida a la peste que acababa de presentarse en París, suplicándole que matase a un determinado numero de personas que señalaba con sus propios nombres y que lo destruyese todo ya que se había puesto ello. En 1885 publico "Contes de ma chaumière" colección de cuentos de un sobrio realismo que a veces sostienen una semejanza con los de Henry René Albert Guy de Maupassant (1850-1893).

Al año siguiente dio a la imprenta su mejor novela "Le Calvaire" pues si bien en las que ha escrito después ha podido mostrarse más hábil y más dueño de la técnica literaria, no ha conseguido dar una nota tan intensa de dolor y de tristeza. Su protagonista Jean Mintié de carácter flojo y sensual, va dejando en manos de su amante Juliette Roux todas las fibras de su alma y todas las energías de su cuerpo. "Le Calvaire" es sin duda alguna, uno de los dramas de amor más intensos de la literatura moderna; el protagonista a pesar de su degradacion, conserva siempre un cierto fondo de moral, pues es el primero en juzgarse con inexorable severidad, y sabiendo que sus actos son infames, le falta valor para huir de los brazos de su amada. El contraste entre su lucidez para juzgar el bien y el mal, y su falta de voluntad para seguir el camino del honor y de la dignidad, constituyen la verdadera originalidad de la novela. En "Le Calvaire" Octave Mari Henri Mirbeau ha reunido sus recuerdos de la guerra francoalemana escribiendo un capitulo admirable pintando la derrota del ejercito francés.

Octave Enrique Marie MirbeauAdemás de estas obras Octave Mari Henri Mirbeau escribió en 1888 "L'abbé Jules", obras más artificial y literaria que real y observada en la que se enfrentan el amor y la religión.

A partir del año 1897 fragmentos de "Le journal d'une femme de chambre" (1900) de la que un crítico de la época afirmo que era una novela realista, si el realismo consiste en ser grosero, empezaron a aparecer en diversas publicaciones. La organización de la novela en forma de diario en el que Célestine, la protagonista, va anotando los acontecimientos de su vida, sus reflexiones sobre ellos y sus recuerdos del pasado, permiten al autor interpolar historias que podrían perfectamente leerse aisladamente. Eso explica que, aun cuando el punto final data de marzo de 1900. Mucho antes hubiesen aparecido numerosos fragmentos en diferentes números de la Revue Blanche. La disposición utilizada es una historia lineal central, la de la camarera o doncella de servicio (Célestine), que anota en su diario las impresiones recibidas al incorporarse a su nuevo puesto de trabajo y lo que la va sucediendo en él. Con habilidad, sin forzar las cosas, su intermitente evocación del pasado nos va permitiendo conocer otros momentos de su vida y, al desandar un largo camino de prostitución, violación… un crescendo que trasciende los limites del erotismo hasta el crimen. Y como suma sacerdotisa, Célestine, en esa dualidad Eros-Thanatos que se establece a lo largo de la novela. "Le journal d'une femme de chambre" (1900) quizás sea la novela de Octave Mari Henri Mirbeau más conocida por el público español gracias a la versión cinematográfica de Luis Buñuel (1900-1983).

Otras obras a destacar son: "Les 21 jours d'un neurasthénique" (1901) describe la cura termal a la que se somete el protagonista en los Pirineos; "Dans l'antichambre" (1905); "La 628-E8" (1907) original colección de recuerdos e impresiones, por lo novedoso, de sus correrías en automóvil y "Dingo" (1913) ultima de sus obras en donde un perro lanza al mundo su filosofía y sus insultos. La crítica tradicionalmente ha identificado a este perro feroz con el propio autor.

Para el teatro escribió dramas intensos como algunas de sus novelas, debutando en 1897 con "Les mauvais bergers", a esta siguieron: "L'epidémie" (1898), "Vieux ménages" (1900), "Scrupules" (1902), "Le portefeuille" (1902), su mejor obra teatral "Les affaires sont les affaires" (1913) drama de tendencias sociales que cautiva, irrita y emociona; "Farces et moralités" (1904) una serie de pequeños dramas, y "Le foyer" (1908) en colaboración con Natansou. En 1891 y con motivo de poner un prologo al libro de Jean Grave "La sociéte mourante et l'Anarchie" se hizo del partido anarquista, escribiendo después en la Révolte y En dehors. Incluso mostrará su simpatía por Ravachol, el anarquista que tras haber arrojado una bomba en casa de un juez y también en un cuartel, acabará condenado a la pena capital por delitos comunes, entre ellos dos asesinatos y violación de sepulturas. En cambio, censurará al anarquista Emile Henry que hace saltar por los aires un café donde un grupo de personas, sin ninguna relevancia política se dedicaban inocentemente a escuchar a una orquesta. La frase de Emile Henry, "no hay personas inocentes" no fue aceptada por Octave Mari Henri Mirbeau.

En 1897 se completa la conversión ideológica de Octave Mari Henri Mirbeau. El asunto de Alfred Dreyfus (1859-1935) llega a su culmen, y el escritor abraza la causa del drayfusismo y sostiene a Émile Édouard Charles Antonie Zola en su ardiente defensa del militar. Octave Mari Henri Mirbeau, llego a ser uno de los primeros junto a los más acérrimos defensores de la revisión del proceso escribiendo en L'Aurore vehementes artículos en defensa del oficial. Su antisemitismo se había desvanecido.

Octave Enrique Marie Mirbeau por Félix Vallotton, 1902En 1886 contrae matrimonio con una bella actriz, Alicia Régnault, ya viuda, cuya reputación a juzgar por los comentarios de la época no era de las mejores. Sin embargo ambos serian felices hasta la muerte de Octave Mari Henri Mirbeau. Tras su boda se retiro a vivir en su finca de Poissy (departamento del Seine y Oise) entregándose a sus trabajos literarios.

Al declararse la Primera Guerra Mundial en 1914 no quiso moverse de su casa de campo, pero el avance de los alemanes le obligo a retirarse a París, en donde agravándosele la dolencia que hacia tiempo sufría, murrio. Al morir dejo escrito un testamento que constituye una pagina excepcional y brillante, en donde mantiene como verdaderas las pinturas que ha hecho de la sociedad, "un conjunto de debilidades, bajos instintos de lucro y manchas vergonzosas", pero advierte que "son los individuos los indignos, no las colectividades", y que al ver en la presente guerra "de lo que es capaz una conciencia colectiva" tiene fe en el porvenir, cosa que jamas había tenido, "pues para ello es preciso descubrir como yo he descubierto que la patria es una realidad". Y con estas hermosas palabras se despidió del mundo anarquista.

Tenemos en Octave Mari Henri Mirbeau un ejemplo claro de escritor periodista (pero del periodismo del siglo XIX) "Le jardin des supplices" (1899) está impregnado de un realismo tan crudo que a veces resulta de una lectura imposible. Pero, ¿porqué ese gusto por el decadentismo?. Podríamos decir que Octave Mari Henri Mirbeau tiene un gusto voluptuoso por la muerte, o un gusto lujosamente desenfrenado ante el morbo y al fin, en la complacencia por lo raro, por lo prohibido y lo enfermo. El decadentismo de Octave Mari Henri Mirbeau es un sentimiento de final y de agonía, glorificados por el mayor refinamiento del lujo y de gratuidad de su obra. Por eso, sus imágenes favoritas serán las de seres agotados en su esplendor, buscadores de todos los placeres como único modo de asirse a la vida o de sentir la proximidad de la muerte.

El decadentismo nació, hacia 1880, entre pequeños cenáculos literarios (Les Zutistes, Le Chat Noir, etc.) vinculados de algún modo con el simbolismo, como una rebelión anarquizante contra la decadencia a la que había llegado el siglo y sus instituciones; ahora bien, aquella rebeldia se deleitaba al tiempo, en las galas de la propia pasividad decadente, y asi, lo que pudo haber sido un movimiento activista politico, se termino convirtiendo en un movimiento cultural de rebeldia de un dandy agotado por el spleen. El decadentismo fue así una marginalidad, una transgresión de la ley burguesa.

La novela decadente "Le jardin des supplices" (1899), es el resultado de la confluencia de los gustos simbolistas y el peculiar espíritu rebelde de Octave Mari Henri Mirbeau. Octave Mari Henri Mirbeau parte del naturalismo y llega a la novela decadente porque varia la realidad que quiere describir, pero no el deseo de la descripción misma. De la realidad común o cotidiana del naturalismo más brutal se pasa a otra realidad excepcional, rara y exquisita que presta imagen a un sentimiento distinto de la vida. Naturalmente la nueva realidad comportara un nuevo estilo, y es ahí donde el simbolismo presta su principal ayuda. Ya que esta realidad nueva es excepcional, se adentra en el gusto por la sinestesia y el preciosismo, y en general, un ámbito de lujo lingüístico agobiante cuya atmósfera densa trata de ser imagen de la realidad agobiante que describe.

No se trata pues de describir las miserias de una sórdida dama sino la vida miserable de un hombre de extraña historia y gusto ambiguo que desciende entre un lujo canalla todas las gradas de la excepcionalidad o de los tabúes. De alguien, imagen de una raza agotada, que se deleita ante su propia singularidad bizarra y generalmente enferma. Y conviene ya decir que el decadentismo no es la degradación de una ética cristiana, sino la ruptura de toda ética comunitaria en pro de una individualidad especial y buscada. Una singularidad que ama el fin y en el se recrea.

Cabe analizar la excepcionalidad de los personajes y temas que se recogen en "Le jardin des supplices" (1899). Los personajes viven, no una simple vida cotidiana, sino una vida de sucesos peculiares que afectan a seres peculiares. De otro lado, esos personajes siempre lujosos se mueven entre la marginalidad y el exceso. Lo que equivale a decir que el sexo, en sus formas menos comunes, el mal, el crimen, la tortura, y el refinamiento serán los ingredientes habituales en los que la acción se desarrolla. Y todo ello dominado por una sensación de hastío y de protesta.

En cuanto a Octave Mari Henri Mirbeau podemos decir que si bien su producción de novela decadente es escasa, "Le jardin des supplices" (1899) es una de las obras más definitorias de este genero. En "Le jardin des supplices" (1899) no se trata de la sensación delicuescente o del abandono de sentir el fin, sino de la muerte y del dolor como manifestaciones de estética y placer, idea que nos transmite inmediatamente una sensación de singularidad decadente.

"Le jardin des supplices" (1899) no es una típica historia decadente, sino una defensa arriesgada por las singularidades del hombre. La novela tiene tres partes claramente definidas: a modo de prólogo, una reunión de amigos, en casa de un escritor, en la que se habla con entera libertad sobre el crimen y la muerte violenta, como de un instinto natural que nos alcanza a todos. En la charla se presentan casos en los que el afán criminal se une a otro afán de índole sexual: "los grandes asesinos han sido siempre enamorados terribles".

Finalmente alguien que había estado callado, alguien de rostro asolado, pide permiso para leer a los asistentes un manuscrito que extrae de su bolsillo, relato de su experiencia, y que ha titulado: el jardín de los suplicios.

La segunda parte de la novela (primera parte del relato), mostrara la prehistoria humana y política del narrador, un hombre siempre metido en oscuros trapicheos en favor de un amigo de la infancia que llega a ministro, perdedor en una elecciones legislativas que contaba como ganadas y obligado por todos estos fracasos a retirarse de la vida publica durante unos años, para lo que es enviado como falso embriologista en misión científica a Ceilán.

Durante el viaje, el protagonista conocerá a bordo a una extraña mujer inglesa, Lady Clara, que va de Inglaterra a China, con la que entra enseguida en una relación que muy pronto se convierte en erótica. Lady Clara, que es ciertamente la verdadera protagonista de la novela, es descrita como una dama bella y sensible, dulce inicialmente, pero atravesada en sus momentos más álgidos por intensas pasiones. Llegados a Ceilán, él descubre su falsa imagen de científico a Lady Clara y esta le pide, enamorada, que vaya con ella a China, donde vive huyendo de la odiosa civilización europea. Él así lo hará.

De este modo y antes de que se inicie la tercera y ultima parte de la novela, tenemos ya el planteamiento básico de la novela decadente: un hombre oscuro, debil en el fondo, que se siente poderosamente atraido por una mujer extraña, excepcional, misteriosa, cuya sola mirada le domina. Esa dominación es una mezcla de magia y erotismo. Y ella le invita a compartir un mundo especial, lejos de lo habitual, una pasión insólita. Lady Clara es así una de las más características figuras de la novela decante: la femme fatale lujuriosa, una apariencia suave que encierra una volvanica pasion.

Cuando empezamos a leer la tercera parte (la segunda del relato propiamente dicho), un bache de dos años han hecho adelantar muchos sucesos, metiéndonos de lleno en el ámbito de lo decadente. El narrador vuelve al hogar de su amada en China, tras haber pasado mas de un año en Indochina, huyendo del mundo alucinante al que le había sometido Lady Clara y su amiga Annie (con la que se nos insinúa mantenía relaciones lesbicas). Lady Clara le recibe en un pabellón lujoso vestida con una túnica de seda amarilla, tumbada entre cojines sobre una piel de tigre, llenas sus manos de sortijas y con un perrito de Laos que la acaricia los muslos y los senos. Le cuenta entonces la terrible muerte de Annie, por una lepra elefantiásica, incurable y deformadora, que malogra la antigua belleza y obliga a la mujer a enclaustrarse primero y a suicidarse después.

Siempre en el marco lleno de exóticas decoraciones orientales, Clara propone al narrador, como para sellar su reencuentro, que la acompañe a visitar la prisión del pueblo, donde están los supliciados y los condenados. Él, exhausto y con repugnancia ante la idea, se niega, pero ella lograra arrastrarle, prometiéndole que tras aquel espectáculo su amor será mucho intenso. Y así entramos en la parte primordial del texto: la visita a la carcel china y al jardin de los suplicios. La descripción de torturas atroces (la de la rata en el ano es especialmente terrible), condenados despedazados, manchas de sangre, restos de carne humana en los cálices de flores extrañisimas, garzas carnívoras y el olor punzante y profundo de la podredumbre. Lo que nos hace entrar en el decadentismo de "Le jardin des supplices" (1899) no son las torturas en si mismas, sino el placer, cada vez mayor, que aquellos horrores y aquella atmósfera producen en Lady Clara transportándola hacia el éxtasis erótico.

Sexo, sangre y belleza se amalgaman en "Le jardin des supplices" (1899). El horror nos asfixia, pero ese horror es precisamente la hermosura. Lady Clara es un ser sin limites, sin bordes en la búsqueda de sensaciones por las que huirá del tedio y como se siente fin busca la muerte, pero la muerte en el éxtasis, que en este caso concreto, logra por la visión placentera de la tortura, de la sangre y del dolor ajenos. La muerte convocando a la muerte. Y ese es el final. Porque al salir de la visita al jardin, entre el horror del narrador, Lady Clara va como anonadada, como traspuesta, y son conducidos, por una vieja servidora china a un burdel babilonico, donde cortesanas que bailan danzas lubricas ante un ídolo de siete falos atenderán (como otras veces) a la desmayada Lady Clara, que sufre una suerte de agotador ataque de histeria que es a un tiempo un orgasmo inmenso y una inmensa agonía.